610

mil dólares ha acumulado Christian hasta ahora.

1,5

millones

de dólares

en ganancias

lleva Nico.

Se llevan muy bien, pero la suya es una amistad parcelada. De hecho, el torneo de Barcelona en el que han brillado esta semana es sólo la quinta vez en los últimos 20 meses donde coincidieron en algún lugar del mundo, además de cuando se juntan para jugar Copa Davis por Chile.

Y sus bitácoras personales son muy diferentes. Garín, hijo de una familia iquiqueña y 7 meses mayor, despuntó desde pequeño como un talento de clase mundial. Jarry, en cambio, tardó mucho más en explotar, aunque venía con “la raqueta bajo el brazo” como nieto de Jaime Fillol.

Pero como en su momento fueron su abuelo y “Pato” Cornejo, Gildemeister y Rebolledo, o Massú y González, son la dupla que en paralelo marca el presente del tenis chileno.

De visita en Miami

El vínculo comenzó en 2012. Garín tenía 16 años y como uno de los mejores juveniles del planeta se disponía a jugar el US Open Junior. Como preparación, se fue a entrenar antes a Miami, donde lo cobijó la familia Jarry, que tres años antes se había radicado en el barrio de Key Biscayne.

Hasta entonces sólo tenían referencias el uno del otro. Nico (de 15) estaba a un nivel inferior y entrenaba en la Academia del argentino Guillermo Cañas, pero la química fue inmediata. De hecho, un mes después se pusieron de acuerdo para venir a Santiago a jugar un torneo Futuro. Llegaron a semis y después hicieron historia, ganando tres torneos juveniles consecutivos, incluido el prestigioso Orange Bowl de Florida.

Pero Garín iba más adelantado, por edad y proyección tenística. Y tras ganar el Roland Garros juvenil en 2013 —donde llegó hasta la final en dobles con Jarry— se lanzó de inmediato al circuito profesional, incluso fue apadrinado por Rafael Nadal, y pasaba sus ratos sin competencia entrenando en su academia en Palma de Mallorca.

Pero el nexo se fortalecía cada vez que se reencontraban y en cuanto podían volvían a hacer dupla, aunque sus calendarios cada vez calzaban menos.

Si bien no tienen exactamente los mismos gustos, en algunos coinciden. Como en marzo de 2014, cuando aprovecharon su participación en el Challenger de Providencia para ir juntos al Lollapalooza local para ver a Imagine Dragons.

Y, sobre todo, en la Davis. “Nico era más cercano a (Gonzalo) Lama, pero con Christian eran lejos los más ‘chicos' del grupo y eso los unía”, recuerda un integrante del equipo. En la primera serie en la que coincidieron, por ejemplo, contra República Dominicana en Santo Domingo en 2013, sus coequipos eran Paul Capdeville y Jorge Aguilar, más de una década mayores que ellos.

Vibra Marketing

Aunque Jarry maduró más tarde, irrumpió antes en el circuito adulto. Por eso ha acumulado más ganancias hasta ahora (ver detalle) y, además, pudo explotar primero la veta comercial.

Y si bien ayudan su pinta y su particular historia familiar deportiva, clave fue el apoyo de Fernando Felicevich, el influyente representante argentino que lo “asesora” desde los 19 años.

Gracias a eso, por ejemplo, desde 2017 es rostro de Kia. Y el año pasado, junto a su abuelo, fue reclutado por la Cámara Chilena de la Construcción.

Pero la explosión reciente de Garín los fue emparejando. De hecho, a comienzos de mes se transformó en el último fichaje de Felicevich; no fue coincidencia que sólo unos días después firmara su primer contrato con Gillette.

Tampoco que también le creara una nueva cuenta oficial en Twitter (@Garin_Cris) que en menos de un mes ya tiene más de 6 mil seguidores. Menos que los 26 mil de @NicoJarry, en todo caso.

El vínculo de Felicevich con ambos no es a través de su agencia Twenty Two, desde donde maneja el destino de Alexis Sánchez, Arturo Vidal y otros 261 futbolistas chilenos y sudamericanos. En este caso, la relación es con otra rama de su “imperio”, Vibra Marketing, donde también está incorporada la atleta Isidora Jiménez y que se enfoca más en el mercadeo comercial y la organización de eventos, como la próxima Comic Con chilena, en junio.

Pero lo mejor aún podría estar por venir. Aunque desde juveniles tienen auspicios con las grandes marcas deportivas del mundo —Jarry con Nike y las raquetas Wilson; Garín con Adidas y Head— esos contratos pronto podrían renovarse para reflejar el nuevo estatus que han adquirido en el circuito, tal vez cercano a los 3 millones de dólares anuales que Nike le pagaba en su momento a Marcelo Ríos.

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