La última semana de febrero, Camila Stuardo cumplió un sueño: fue la animadora en el backstage del Festival de Viña del Mar. Cuenta que se vio todos los Golden Globe, para prepararse. La modelo y con+ductora de TV también tuvo un 2018 importante para su carrera, donde participó en el late “No culpes a la noche” en TVN.

El trabajo y la determinación son fundamentales en su vida. Nació en Temuco y ya a los 15 años trabajaba como promotora e incursionaba en el mundo del modelaje. No era un capricho de niña, sino que era una decisión mucho más profunda: no quería ser “un cacho” para sus padres. Stuardo cuenta que la separación de sus padres cuando ella tenía 7 años la impulsó a trabajar para ayudar a su madre en el día a día. “Si bien nunca me faltó nada, no eran tan fáciles las cosas para mi mamá”, cuenta. Tampoco no fue fácil para ella, menos en un ambiente y una ciudad más conservadora.

—Cuando estuviste en el programa “La Divina Comida”, contaste que desde muy chica fuiste modelo. ¿Por qué entraste al modelaje?

—No tiene nada de glamour mi historia con respecto al modelaje. Mis papás son separados desde que tengo 7 años, y el tema económico fue súper complicado. Si bien nunca me faltó nada, no eran tan fáciles las cosas para mi mamá. Entonces trabajé como promotora, y luego vino el modelaje. Y le agarré ese gustito a la independencia, a no ser “un cacho” para mis papás.

—¿Te sientes feliz de haber tenido esa independencia?

—Absolutamente. No tengo ningún tema o traba pendiente en cuanto a mi niñez y juventud. Yo gocé, me sentí súper orgullosa de tener mis luquitas, de no molestar a mis papás y no hay nada de lo cual me arrepienta. Todo tenía que ser así, y me siento súper completa. Miro para atrás y digo “estuvo perfecto”.

—A los 13 años es una decisión muy madura el querer trabajar para alivianar la pega a tus padres. ¿Lo ves así?

—Sí, creo que sí. También pasa que soy la menor de tres hermanos. Y con mis hermanos tengo mucha diferencia de edad. Entonces, yo estaba más bien sola con mi mamá. Fue duro, sobre todo para una niña que todavía necesita mucho de los padres. Bueno, y yo siempre fui al psicólogo, porque yo decía “necesito ayuda para esto”. Y los psicólogos me decían: “Cami, tú eres súper resiliente”.

—Muy determinada también.

—Sí. Yo creo que viví lo que tenía que vivir, y además lo disfruté. Entonces no tengo nada que reclamar a mi pasado, para nada.

—Se dice que el sur es mucho más conservador. ¿Fue un problema que tú decidieras ser modelo?

—Sí, hubo prejuicios y en algún momento me dolió. Porque como era agrandada para mi edad, se inventan cosas. Entonces decían “esta pobre niña, tan sola y es muy libre”. Y yo teniendo 15 años, sí me dolió. Tuve la suerte de que después personas que se dieron el tiempo de conocerme me pidieron perdón. Hoy miro para atrás y digo “sí, lo pasé lo pasé mal en el colegio, pero me sirve mucho para apoyar a mi hija también”. Al final, la vida te enseña y uno va traspasando las experiencias.

—¿Y recuerdas algún momento específico de mucha alegría en Temuco?

—Creo que sin duda eran los veranos. Porque cuando tenía vacaciones, me iba con los papás de mis amigas y teníamos un grupo de seis amigas muy aclanadas. De Temuco tengo recuerdos de gente muy buena, tanto mis amigas como las familias de ellas, que también me apoyaron con la separación de mis papás. Las familias de mis amigas fueron parte súper importante. Entonces, esos veranos con amigas y sus familias son los momentos más ricos que recuerdo.

—¿En qué cambió tu forma de ver la vida, el hecho de tener hijos?

—Más allá de la perdida de libertad que uno conocía (ríe), hoy miro la vida con otros ojos, sinceramente. Las noticias sobre violación a niños, abandono, de verdad me parten el alma. Creo que hoy soy mucho mejor persona de lo que era antes, mucho más humana, porque tengo en la casa a dos personas que son mi motor. Siempre lo conversamos con mi marido, y a la Maite siempre le digo: “Lo único que yo quiero en la vida es que seas feliz, pero por sobre todo, buena persona”.

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