“Mi papá tenía un lado público, donde aparecía como súper fuerte, pero dentro de la familia era un abuelo que se dedicaba a cultivarles la magia a sus nietos. Su primera operación del páncreas le dejó una cicatriz súper grande a lo largo y ancho del estómago; un día mi hijo Clemente, que debe haber tenido unos 4 años, entró a la pieza y lo vio sin polera, y él le dijo ‘es que nunca les había querido contar, pero yo era pirata antes. Este es el tajo del pirata'. Tenía a mis hijos chicos convencidos”.

El miércoles 27 de febrero se cumplieron seis años desde que el exsenador y expresidente de la DC Adolfo Zaldívar murió de cáncer al páncreas. Su hija María José (43), la mayor de su matrimonio con Alicia Larraín, es la única de la familia que ha seguido en lo público: es subsecretaria de Previsión Social del gobierno de Piñera.

Abogada e historiadora de la UC, entró a trabajar al Estado en 2005, en el gobierno de Lagos, y en el primero de Bachelet se convirtió en fiscal de la Superintendencia de Seguridad Social. En el primer gobierno de Piñera fue ratificada como superintendenta de Seguridad Social, pero en el segundo período de Bachelet, la exministra del Trabajo Javiera Blanco la despidió. Hizo clases en la universidad y trabajó como gerenta en la Corporación de Investigación, Estudio y Desarrollo de la Seguridad Social (Ciedess) de la Cámara Chilena de la Construcción, hasta que Piñera volvió a llamarla, ahora como subsecretaria.

Tiene amigos en la DC (Carolina Goic, Fuad Chahin), en la izquierda (Álvaro Elizalde) y en la derecha. Era la más cercana a su papá y ella misma lo reconoce: él estudió Derecho en la UC igual que ella, pero su sueño fue también haber estudiado Historia. Ella cumplió los sueños del “Colorín”.

María José se quiebra varias veces al recordarlo, sobre todo en esta fecha. “Mi gran pena es que mis hijos no hayan podido crecer con esta figura de un abuelo tan entretenido. Siempre buscaba una forma súper humana de acercarse a los niños. Les contaba historias, ideaban planes para atrapar juntos al Viejo Pascuero. Mis niños llegaban a su casa (una casona colonial en la calle Tupungato, en Vitacura, que hoy la familia tiene arrendada) el 25 de diciembre y mi papá dejaba huellas de cómo había entrado el Viejito… Dejaba un gorro del Viejo Pascuero en un árbol y les decía ‘estuve a punto de atraparlo esta vez'… para ellos era mágico”.

“Ahora que mis hijos están más grandes quisieran haber tenido a ese abuelo que les tocó a los nietos mayores: que les hablaba de la historia de Roma, que los metía en temas más profundos. De verdad da pena. Son seis años de su ausencia y es imposible que alguno de nosotros lo pueda suplir en eso. Es súper triste. Haber vivido el matrimonio de mi hermana chica (Antonia, que se casó hace dos años) sin mi papá también fue muy triste”.

El pasado miércoles 27, con su mamá y sus hermanos celebraron una misa, como siempre, y los que estaban en Santiago salieron a comer juntos. “En esta fecha además es súper especial la cantidad de gente que llama por teléfono, que lo recuerda. El año pasado me tocó ir mucho al Congreso, y el cariño con el que me hablan de mi papá los funcionarios del Senado, los mozos. Cuando saben que soy la hija de Adolfo me atienden como si fuera una reina. Y muchos parlamentarios se me acercan para darme pequeños recuerdos de mi papá. No hay cosa que me gustaría más que él estuviera ahora, en este período de mi vida”.

—¿Para que te viera de subsecretaria? En el Gobierno aseguran que estás por tus capacidades técnicas y no por ser hija de…

—A ver, yo soy súper honesta en ese sentido. El hecho de tener el apellido que tengo y de ser hija de Adolfo Zaldívar me ayudó cualquier cantidad. En gran medida, entré por eso. Yo tengo un muy buen currículum, en la UC estudié dos carreras, siempre fui ayudante, además estudié Bachillerato… pero es obvio que el hecho de ser hija de Adolfo Zaldívar me abrió las puertas. No entré cien por ciento por mérito y lo reconozco. Yo tenía compañeros de curso que eran a lo mejor mucho más talentosos y hoy yo estoy acá por mi gran esfuerzo y porque tuve una suerte que no tienen todos. Que después me haya mantenido es mérito mío. Mi mérito es que he pelado el ajo.

—Cuando murió tu padre contaste que en sus últimos días él escribía harto sobre clase media e integración y que pensabas hacer un libro.

—Es que todavía no estoy preparada para abrir esas cosas —dice y se emociona de nuevo—. Aún me da mucha pena. Tengo el último libro que mi papá estaba leyendo, marcado donde lo dejó… Es sobre historia política y económica (Historia económica del siglo XIX, de Eric Hobsbawm) y lo tengo guardado. Me encantaría ver qué le interesaba los últimos días, pero no he podido. Tengo hartas cosas guardadas: una caja con recortes, artículos. A lo mejor en un tiempo más tendré tranquilidad de espíritu para hacerlo.

“Mi marido no me ayuda…

los dos nos hacemos cargo”

Cuando María José habló con su jefe antes de asumir, el ministro del Trabajo, Nicolás Monckeberg, le dijo que ella tiene 4 hijos chicos (de 13, 10, 8 y 6) y que no se iría tarde de su trabajo. Que el ideal era salir a las 5:00. Ha tratado de cumplirlo, aunque le cuesta. No acepta invitaciones en la tarde-noche, salvo que vengan de la oposición. “Hay que tender lazos siempre con ellos, pero a las cosas de gobierno no voy”, comenta.

Y cuando debe viajar a regiones por trabajo, nunca se queda a dormir afuera. “Yo viajo por el día, la semana antepasada estuve en cuatro regiones y todos los días salí en la mañana y volví en la noche a mi casa, para ver a mis niños”.

—¿Y aun así quieres seguir en lo público?

—La política es una droga, hay adrenalina, pasan cosas y uno siente que puede influir y aportar. Pero hay otros ámbitos y uno tiene que ver cómo compatibilizar. Yo he tenido la suerte de desarrollarme al 100% en lo profesional y lo académico. Sigo haciendo clases. Pero ser mamá para mí es muy relevante y no me gusta que eso se me quede atrás. Soy súper celosa de lo mío. En mi casa, mi marido (Stefan Franken, fiscal de CAP) no me ayuda, los dos nos hacemos cargo de los cuatro hijos. Con mi marido estamos a la par. Tengo la suerte de tener hermanas que me ayudan harto, y en mi casa tengo una persona que ha criado a mis hijos, es igual que si fuera su mamá. Yo converso con los niños y les digo que nunca dejaré de estar cuando sea algo realmente importante.

“Al discurso de mi papá

le faltó temporalidad”

—En estos seis años, la DC ha ido en caída. Rivales históricos de Adolfo Zaldívar, como Gutenberg Martínez o Soledad Alvear, ya no están. Todos quedaron políticamente solos, y tu padré también cuando murió.

—Sí, él tenía sus proyectos y tampoco los pudo desarrollar en un 100%. Mi reflexión es sobre la falta de temporalidad que hubo en el discurso de mi papá, porque él hablaba de corregir el modelo, de poner en primer lugar a la clase media, de volver a poner al ser humano en el centro, y siento que ese discurso —que en su momento no fue comprendido— es el discurso que hoy está asentado. El papá se adelantó cuando empezó a hablar de corregir el modelo, tuvo la visión y la claridad de darse cuenta de que si no había correcciones sustanciales, íbamos a tener una situación difícil de manejar. Si estuviera vivo, vería que tenía razón. Representar al centro, a la clase media, es algo fundamental, porque ahí están las demandas ciudadanas.

—¿Conservas amigos en la DC?

—Me toca mantener en el Parlamento relaciones con muchos parlamentarios de oposición, con los que están en la comisión de Trabajo, de Hacienda. Ahí están Miguel Ángel Calisto, he conocido a Raúl Soto; en el Senado está Carolina Goic, con quien tengo una relación de muchos años. Y tengo amigos de la vida que son más cercanos a la DC.

—Vienes de familia DC, pero has estado dos veces en el gobierno de Piñera.

—Yo me siento absolutamente parte de este gobierno y representada por el trabajo que estamos haciendo en la reforma previsional.

—Pero no eres de derecha.

—No soy una persona de derecha, soy de centro y estoy orgullosa de serlo. Yo venía de un mundo mucho más DC, cuando mi papá era presidente de partido, e igual tenía muchos amigos de derecha. Me tocó estar en el colegio, el Villa María, en la época del plebiscito, y la mayoría de mis compañeras eran férreas partidarias de Pinochet. De mi generación eran solo 6 o 7 de familias que venían del No. Todo el resto era del Sí y eran mis amigas.

—Al final, igual manda la política. Javiera Blanco, cuando asumió como ministra del Trabajo, en el segundo período de Bachelet, te pidió la renuncia por haber trabajado en el primer gobierno de Piñera.

—Lo encontré súper injusto, esa es la miopía de las personas que no entienden que uno puede tener relaciones transversales. Pero también entiendo que en política las cosas son así, que son las reglas del juego. No me afecta, porque tengo tan claro quién soy y qué hago, no he cambiado mi mirada frente a los temas. Soy la que soy y estoy súper agradecida de que el Presidente Piñera me haya considerado, porque podía ser valiosa en su equipo. Tengo claro que soy parte de una coalición de gobierno que es de derecha, y me siento muy orgullosa del trabajo que he podido hacer. No puedo estar más agradecida.

“No tengo relación con el PRI”

—¿Votas por la derecha?

—Voté por la Evelyn Matthei, ha sido la mejor jefa que he tenido en la vida, tengo la mejor opinión de ella. Y voté por Piñera, no tengo problema en decirlo. Y eso no quiere decir que sea de derecha. Yo voto por quien me parece. En la primera vuelta voté por Carola Goic y trabajé en su campaña, y luego por Piñera.

—O sea, no tuviste duda de trabajar de nuevo con Piñera.

—Si tuve dudas fue por un tema personal, porque tengo niños chicos y esto implicaba una renuncia personal muy fuerte.

—Cuando murió tu padre también dijiste “creo que el PRI, en la medida que sea fiel a sus principios, se va a mantener”. ¿Te gusta lo que ves hoy?

—Conozco muy poco al PRI, no milito y por eso no puedo opinar mucho.

—Tienen una subsecretaria, Alejandra Bravo, que en el verano hizo polémica por romper el candado de una propiedad para dar acceso a una playa. Y el presidente del PRI (Hugo Ortiz de Filippi) no se entiende con ella ni con su antecesor, Eduardo Salas.

—No puedo opinar porque después que murió mi papá no tuve ningún contacto con ese partido.

—¿Te gusta verlos en el Gobierno? Es el partido que fundó Adolfo Zaldívar.

—Son parte del Gobierno, pero no tengo relación con ellos.

LEER MÁS