Habla de un Chile de los años sesenta...Ese mundo murió y lo convirtieron en una franquicia latinoamericana muy aburrida y por eso uno lo deja de leer”

Álvaro Díaz

El problema no es del personaje, es del formato. Si Condorito regresa, en algún formato digital, más acorde a los tiempos, va a volver a vivir”

Jorge Baradit

Es parte de nuestro inconsciente cultural. No importa cuándo dejaste de leerlo: nunca dejas de hablar de Condorito”

Bernardita Ruffinelli

El anuncio del cierre de la editorial Televisa en Chile alertó a muchos sobre la eventual desaparición de una de las revistas más tradicionales y arraigadas en el recuerdo colectivo del país: Condorito.

Creado por René Ríos Boettiger en agosto de 1949, el plumífero y sus amigos de Pelotillehue llevan casi 70 años en los kioscos de todo el país, y aunque el fin de su publicación por ahora no es segura, en redes sociales de inmediato se instaló la alarma, y muchos tuiteros incluso pidieron medidas para evitar que desaparezca.

Como Jorge Baradit, por ejemplo. “Condorito es una tradición, lo leían los abuelos y los papás”, comenta el escritor. “Tenía un fondo social bien particular porque era gente humilde en un país que es arribista, en donde en las teleseries siempre hay gente bonita, que vive en casas muy lindas, pero Condorito era de pueblo, un obrero. No era muy divertido, pero me contaba historias cercanas que no se veían en otro lado”.

“Con el posible cierre de la historieta, lo que perdemos es literalmente nuestro escudo nacional”, agrega Baradit. “Ha pasado por etapas de oro y de bronce. El problema no es del personaje, es del formato, pero Condorito es un personaje, no una revista de papel. Todo tiene que ver con el contexto histórico: en algún momento Condorito tomaba y fumaba. Hay cuestiones que antes no se consideraban y ahora son impensadas. Condorito es una buena persona y como tal, cambia con los tiempos y entiende cosas nuevas. Si regresa, en algún formato digital o más acorde a los tiempos, va a volver a vivir”.

Yuyito empoderada

Un cariño similar tiene la comediante Bernardita Ruffinelli. “Hoy no lo leo, pero obvio que lo leí de chica. Es parte de nuestro inconsciente cultural, sus personajes son parte del lenguaje cotidiano de estereotipos de personas”, señala. “No importa cuándo dejaste de leerlo: nunca dejas de hablar de Condorito. Más allá de si lo compramos o no, hay una memoria emotiva con él; en Valparaíso está la tienda oficial y mucha gente de mi edad va a comprar memorabilia, se saca fotos, se lleva ediciones de colección ¡yo me compré un gorro! La relación con sus personajes es más profunda que comprar o no una revista”

¿Había perdido relevancia? “Es un ícono chileno, sus personajes lo son, pero no podemos culpar a los chicos por no leerlo, la oferta hoy es demasiada amplia y variada. Cuando nosotros éramos chicos, no había mucho más para elegir”.

Eso sí, Ruffinelli reconoce que algunos de sus conceptos eran algo anticuados, como su caracterización de las mujeres. “No sé cuál es su discurso hoy, hace años que no lo leo, entonces no sé si sigue con la misma tecla de que Yayita sea la mujer ideal por ser adorable y tener las «curvas perfectas», eso creo fue el reflejo social de la época de su creación, pero claramente ya no es un discurso atractivo para un montón de gente. Pero bueno, el mundo está lleno de Pepes Cortizonas, y eso no cambia. El día que conviertan a Yuyito en una niña segura, con convicciones, que va a la Universidad y concreta sus proyectos, quizás queramos volver a los kioscos a buscarla”.

Símbolo de una época

Opinión contraria tiene el periodista y director de cine Alvaro Díaz. “Condorito está muerto hace 30 años. Es una historieta tipo documental. Habla de un Chile de los años sesenta y por eso existe Pelotillehue que es como la chimba, un barrio marginal de Santiago, con personajes que se podían asociar con su familia, todo un mundo chileno. Ese mundo murió y lo convirtieron en una franquicia latinoamericana muy aburrida y por eso uno lo deja de leer”, dice el creador de 31 minutos. “Perdió su esencia porque perdió su espíritu creativo, su alma. Era un depositario de chistes sin la gracia que tuvo en sus orígenes”.

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