Con el lago Riñihue como escenario envidiable de fondo y un libro sobre Winston Churchill en el regazo, Pablo Flamm se acomoda a una sensación extraña. Fue justo un día antes de que comenzaran estas vacaciones, el 24 de enero, cuando le informaron abruptamente de su salida del Canal del Fútbol, donde alcanzó a completar 15 años en calidad de periodista y rostro. Como quien ya hubiera visto venir una sombra larga y sospechosa, tomó tranquilamente ruta rumbo al sur dos días después y entonces apareció verdaderamente el asombro. Tras una larga planificación familiar, llegó por primera vez a Chiloé, donde abrió camino por Castro, Dalcahue, Achao y Curaco de Vélez, junto a su mujer y sus dos hijas.

El teléfono se fue cargando de saludos, pero Flamm ya estaba de vacaciones, así que luchaba por moderar el impulso de leer y responder. Conductor del programa “En nombre del fútbol”, y sobre todo del icónico “Código Camarín”, donde completó una lista de 400 invitados desde el año 2009, recorre ahora la escena con calma y reconoce que en definitiva no le sorprendió haber terminado un ciclo que incluyó también la salida de otros rostros del canal, como ocurrió con el popular periodista Gerardo Herrera.

“Cuando hay un cambio de dueño, está esa opción. Es normal y es natural. En ese sentido solo tengo que decir que estuve 15 años y que me voy muy agradecido del CDF. También de la familia Claro por haberme dado la oportunidad con un proyecto fantástico, que hay que destacar que empezó con nada y termina siendo el más rentable de Chile”.

—¿Empezaron con nada?

—Absolutamente. Todavía me acuerdo de eso. En mi caso fue una idea que me plantean Juan Ignacio y Matías Claro, hijos de don Jorge. Yo estaba en el Canal 13 y me lo proponen previo a un viaje a Perú para la transmisión de un partido. Se lo cuento a mi mujer, la Carolina. “Caco, qué hacemos”. Era de verdad una aventura y ella me mira y me dice: “Peguémonos el salto”.

—¿Tan arriesgado era?

—Por supuesto. Imagínate, yo estaba en el 13 de 2003, de lo más sólido, y aparece el CDF. Qué es eso, decía la gente. Pero para mí terminó siendo clave. Todo comenzó muy a pulso. Todos los que partimos, Mario Insulza, Carlos Soto, Enrique Vielma. Lo impactante era cómo la propia familia Claro creía en el proyecto. Me acuerdo de la señora Patricia, esposa de Jorge, porque ella fue piedra angular y jugó un rol tremendo. Iba todos los días a darnos ánimo, llevaba café, pastelitos. No hay que olvidar que era una época en que las críticas eran muy duras contra el canal, se miraba con escepticismo y algo de desprecio. Como una completa locura. Por eso es impresionante ver lo que un grupo gigante como Turner terminó pagando por él.

—¿Doña Patricia sabía de fútbol, de televisión?

—Ella era la partner de Jorge hasta hoy. Sin aparecer en los diarios estuvo cerca, en la oficina, con una palabra de aliento. Era alguien muy preocupada de cada persona. Yo llegué como editor periodístico hasta que con “En el nombre del fútbol” me tocó tomar la conducción, en 2007. Pero antes de que eso ocurriera, de verdad era una locura. No había ningún antecedente de algo así. Se dijeron muchas cosas, pero vino el tremendo mérito de Reynaldo Sánchez como presidente de la ANFP, y se la jugó entero por el canal. Y hasta el día de hoy, en fiesta que hay del CDF se le invita. Equivocado no estaba, pese a que fue muy vilipendiado, porque había gente que le faltaba el respeto.

—¿Cómo surge Código Camarín?

—Nace de una casualidad. En 2009, se produce un problema en la interna de Unión Española, cuando la dirigía Jorge Garcés. Estaba el rumor de que le estaban haciendo la cama. En un partido con Antofagasta estaban ganando 3-0 y le empatan a 3. Se decía que los grandes de ese equipo boicoteaban al técnico. Entonces invitamos a José Luis Sierra, como capitán del equipo. Lo clave es la previa a la entrevista, en el maquillaje, porque ahí, siendo un tema candente, le preguntamos si había algo de lo que no quisiera hablar. Y él nos dice: “Pregunten de todo”. En el panel estaban Dante Poli, el “Polaco” Goldberg y Fernando Vergara. Empiezo yo a preguntar y en unos minutos, por el fono interno, el productor me dice: “Sigue, sigue”. Nadie más podía participar y así estuve 40 minutos. Fuimos a pausa, se terminó el programa y Mario (Insulza) me dice: “Pelao, ¿te atreves a hacer entrevistas de una hora”. “Tirémonos”, le respondí. Se decidió crear “Código Camarín” y el primer invitado oficial fue Iván Zamorano.

—Con 400 entrevistados, ¿cuáles son los que más te sorprendieron?

—Me acuerdo del 99,9 % de ellos, pero el que más me sorprendió, lejos, fue Claudio Lucero, por su historia, por el ascenso al Everest, por su filosofía. Lobo Vera fue otro, como el gran ciclista que admiré de niño. O el conmovedor caso de Adolfo Almarza (deportista que perdió sus dos piernas y hoy compite con prótesis). Esas historias de superación de vida me impactan. Pero en el recuento, de manera muy personal, también sale la entrevista a Carlos “Garra” Velásquez, utilero de Colo Colo, hace un año y medio.

—¿Cómo fue eso?

—Es que me impactó mucho porque su historia del cáncer de páncreas tiene mucha similitud con el cáncer de mi mamá, que murió el 2015. Ella ya había fallecido cuando entrevisto a Velásquez, y ahí sentí, en muchos momentos de la conversación, que estaba reviviendo una parte de la vida de mi madre, su enfermedad. Y al final, lo abrazo y siento el mismo aroma que tenía ella el día en que falleció. Fue muy vívido y, de hecho, en el camarín, la maquilladora es la primera en darse cuenta de que algo me había pasado. Y mira las coincidencias, ahora, el 24 de enero había subido a Facebook la foto con Carlos, una foto que es del 24 de enero del 2017. Me acordé de todo lo que viví y la reenvié a su hijo, Paulo, justo el día antes de que me anunciaran lo del canal.

—¿Decides adoptar un estilo empático? Porque también se puede ser más cuestionador.

—La historia del programa permitió eso. En algún momento yo me cuestionaba a mí mismo y sentía que tenía que hacer entrevistas más de actualidad. Era una inquietud, pero conversando con el equipo, optamos por que se mantuviera la atmósfera de intimidad, que el invitado tuviera tiempo. Y creo que la gente valoró que el invitado hablara tranquilo, que se explayara, sin que lo interrumpieran, como ocurre más con la entrevista de actualidad.

El ídolo deportivo

“El factor Churchill”, de Boris Johnson, es una de las cosas que entretienen a Flamm por estos días. Hace fila el libro de Carlos Tromben, “Santa María de Iquique”. “A mí me gusta la historia, los libros biográficos. Me tiene atrapado cómo Churchill enfrentó el destino de su país en la Segunda Guerra. Refleja un liderazgo, porque toma la decisión de llevar al pueblo a una guerra donde estaba todo en contra. Entiende que la decisión era dura, pero que era lo que había que hacer”, dice.

—Existe abundante literatura sobre deportes, con exponentes como Gay Talese, que emprendió relatos épicos sobre boxeadores, como Floyd Patterson, Joe Luis. También Norman Mailer. ¿Son estos referentes para los periodistas deportivos en Chile?

—No lo sé en el caso de muchos. Yo he leído algo de ellos, no tan en profundidad, pero he tratado siempre de buscar esa hebra histórica que te lleva al ídolo deportivo. Creo que los periodistas deportivos leen harto buscando analogías para aplicar en el comentario, en el análisis.

—Hay mucho futbolista opinando en radio y televisión. Tienen a su favor toda su historia personal. ¿Qué hace el periodista para distinguirse?

—Nuestra tarea es sumar en el análisis, aportar datos e información, para explicar, por ejemplo, sobre medicina deportiva, neurociencia. No somos especialistas, pero en ese ámbito, los periodistas deportivos tenemos que hacer la diferencia y sumar conocimiento. Hablar de trabajo grupal, estrategia. No es solo dar fechas. Hay buenos futbolistas opinando en todo caso. Waldemar Méndez, que se prepara, estudia. Fernando Astengo también es muy aplicado, y revisa información.

—¿Cómo ves el periodismo deportivo actual? ¿Es liviano, faltan datos?

—No me gusta hablar del trabajo de mis colegas, pero siento que en general nos falta profundidad en el análisis. Hablo del medio chileno, donde no me excluyo. Nos guiamos mucho por el resultado. Eso marca el comentario y eso es un error. Hay que analizar cómo jugó el equipo, qué variables puedo aplicar, cuáles no. Por qué un equipo hace esto, porqué otro no. En el periodismo deportivo faltan los KPI, los indicadores.

—Richard Ford, en la novela “El periodista deportivo”, define la sicología concreta de los deportistas como personas que nunca expresan contradicciones; no muestran una pizca de miedo existencial. Es un desapego mecánico. ¿Cuesta por eso entrar en profundidad con un futbolista?

—Depende de la atmósfera, de la confianza que se genera con un personaje. Los futbolistas tienen su cuento más armado porque son entrevistados habitualmente, pero he visto que en el caso de los deportistas que no son futbolistas, ellos tienen historias gigantescas.

—¿Por eso te sorprendieron más Lucero, Vera, Almarza, entre 400 invitados?

—De alguna manera, más que los futbolistas, me han sorprendido los otros deportistas. Hace poco grabé una historia con el Pato Cornejo y impactó. Se levantaba a las 5 de la mañana para ayudar a su papá a preparar las canchas en Llolleo, y después, a las 6 y media, él lo dejaba jugar un poco de tenis porque ya a las 8 llegaban los socios y él no podía estar ahí. El Pato Cornejo es quien tiene más partidos jugados por Chile por la Copa Davis, pero tiene una tremenda historia personal y resulta que nadie la conoce. No me lo explico. Solo se le recuerda por su expresión “Grande Giocatore”. Me contaba que, para aprender a hablar inglés, cuando escuchaba, anotaba la pronunciación tal como sonaba en un cuaderno y así iba estudiando para defenderse.

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