Me sirvió para madurar antes de tiempo y al final he podido lograr hacer todas las cosas que me gustan”

Siempre tuvo algo que ver con la moda y las pasarelas. Es hija del reconocido empresario Marcos Hites y de la ex Miss Chile 1991, Carolina Michelson. Sin embargo, Valentina Hites asegura que su gusto por la ropa no lo heredó de sus padres, “es algo muy mío”, cuenta la estudiante de periodismo de la U. de los Andes que ha hecho carrera escribiendo para revistas como la Harper Bazaar, L'Officiel para los Fashion Weeks. Próximamente estará en París y Milán para narrar todas las alternativas de la semana de la moda para la revista ISSUE.

Fue su mamá quien sin quererlo la inició en el mundo moda: “Tenía 10 años y ella tenía una tienda de ropa en Santa María de Manquehue que se llamaba Tannery&Co. Yo era su partner, siempre la acompañaba a Europa, para traer nuevas telas y nuevas tendencias, así fui marcando y nutriendo mi estilo que es muy europeo”.

Valentina trabaja y estudia desde que era adolescente. “Tengo muchas habilidades sociales. Me encanta escribir y encuentro que al final la moda si la ligas con periodismo eso es como el clic directo”. Viajó a Nueva York a estudiar Advertising and Marketing Communication en Fashion Institute of Technology. En principio eran 2 años, pero al final lo hizo seis meses, porque sentía que estaba perdiendo el tiempo: “Para estos rubros uno nace con el talento y se perfecciona trabajando”, dice.

Para ir a los Fashion Week va con dos maletas. “Soy súper eficiente, sencilla y simple”. Ha logrado a entrevistar a íconos de moda como Tommy Hilfiger, “eso fue un hito muy importante”, comenta.

No soporta las tendencias, compra su ropa online, ama los básicos de ZARA y tiene contratos grandes con marcas de lujo como Ferragamo, Chanel y Armani. Para ella la clave está en el típico dicho “mejor calidad que cantidad”. “Yo me compro algo, lo miro y digo: ‘¿Esto me va a durar para toda la vida?', si no me dura para toda vida, chao. No me voy a comprar una cosa extravagante que la voy a usar una vez y nunca más. Menos es más”.

Según Valentina, todos los Hites son distintos, pero tienen en común sus “pasiones”. Sus hermanos también destacan en otros rubros. Su hermana mayor Vanessa, estudia derecho en la U. de Chile y ha estudiado a fondo el conflicto árabe-israelí. Su hermano, Benjamín, es piloto profesional y compite en el Ferrari Challenge, “cada uno sabía desde chico lo que queríamos hacer de grande”.

“Lo pasé pésimo...

me sirvió para madurar

Estudió en el Grange School: “Un colegio súper exigente, que me puso en la mente ser competitiva. Igual quedé un poco traumada”.

Su etapa escolar fue difícil. A los 14 años sufrió de bullying cibernético, a través de las redes sociales, luego del robo de su celular. “Lo pasé pésimo, de hecho me dio cáncer de tiroides, me dio una depresión y me tuvieron que cerrar el año. La gente no se da cuenta del daño que puede generar todo esto de la globalización y la tecnología hoy en día en las redes. Al final estas se están apoderando un poco de tu vida, yo lo comparo mucho con “Black Mirror”, siento que vamos a terminar como la serie en cualquier minuto. Es arma de doble filo, hay que cuidarse mucho y separar tu vida profesional con tu vida privada porque si mezclas las dos, se presta para que la gente hable cosas malintencionadas o te hagan cosas. Instagram es como una droga, a mí me gusta tener más espacio para mí. De repente me miran, y me pelan, generalmente no sé si la gente tiene un muy buena imagen de mí. La gente que no me conoce. Al final eso es lo que uno transmite, porque estás en un mundo que es frívolo”.

Valentina considera que Chile es un país culturalmente de gente insegura: “Yo creo que me tomaron con pinzas, me sacaron de otro país y me pusieron acá, no me siento chilena. Porque, no me importa lo que piense el resto”.

A pesar de todo lo vivido en su adolescencia, dice: “Me sirvió para madurar antes de tiempo y al final he podido lograr hacer todas las cosas que me gustan”.

Casi modelo

En un momento de su vida, Valentina Hites intentó dedicarse al modelaje: “Me duró dos semanas, caché altiro que no era lo mío y nunca me fue bien. Me acuerdo que metí a Elite Model, no me pescaron ni en bajada, nunca más me llamaron”.

Ser modelo para ella significaba ser un producto. “No tenía nada exótico que llamara la atención siendo modelo, iba a ser una niñita más, de esas que visten y se quedan acá pegadas toda la vida, no iba a llegar a nada”.

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