Tengo una personalidad bien inestable. Por eso creo que en la familia y los amigos está el tesoro más grande que uno puede cultivar”.

Montserrat Ballarin no conocía Chiloé. Sin embargo, sí conoce perfectamente los paisaje y el clima del sur. Ella se crió y vivió hasta los 18 años en Punta Arenas.

La actriz, durante las grabaciones de la nueva teleserie de Mega —Isla Paraíso— recordó su vida en el extremo sur del país, donde se sentía libre. Pero también, cuenta, era “un bicho raro”, una joven que no buscaba vivir convencionalmente. Soñaba con viajar a Santiago, estudiar algo relacionado con las artes, y conocer los movimientos culturales de la capital.

A la TV llegó por “chiripazo”. Montserrat estaba bien haciendo teatro —algo que no ha dejado de hacer hasta el día de hoy— cuando la actriz Paola Volpato le recomendó que enviara su currículum a Mega. Y quedó, en 2014, en “Pituca Sin Lucas”. Y desde ahí, no ha parado.

—Para Isla Paraíso, fueron a grabar a Chiloé. ¿Hubo alguna inconveniencia de trabajar allá?

—Es más difícil, sobre todo por el clima. Pero también es parte de la gracia. Teníamos una escena que estaba con un sol hermoso, y a la escena siguiente, se nubló. Pero es bonito, las cuatro estaciones en un día (ríe). En Punta Arenas me acuerdo, había un día viento muy helado, a los cinco minutos sol, después podía hasta nevar, después se vuelve a despejar. Así es no más.

—¿Cómo recuerdas tu vida en Punta Arenas?

— Estuve ahí hasta los 18 años. Lo recuerdo con mucha felicidad, con mucha alegría. De las cosas que más agradezco es haber tenido tiempo con mi familia, con mis amigos, la sensación de que mi casa no tenía rejas. Mis amigos llegaban, abrían la puerta de tu casa y decían “hola tía, ¿está la Montse?”. Salía en bicicleta, en patines o íbas a escalar a los árboles. Era una vida súper al aire libre.

—¿Se te hizo muy difícil el cambio?

—No, porque yo tenía muchas ganas. Entonces había por mi lado, muchas ansias de decir “me voy a Santiago, allá puedo ver teatro, ver música, movida cultural”. No se me hizo difícil, porque venía con muchas pilas de conocer, descubrir. También soy una persona bien curiosa, entonces no me cuesta adaptarme a situaciones nuevas. En la medida que pueda ver a mi gente, a mis amigos, cada cierto tiempo, me da lo mismo donde estar.

—¿No te quedaste pensando en tu vida en el sur?

—Sí, no me quedo tan pegada. Siento que es bonito tener la oportunidad de viajar, acomodarse a lugares nuevos. Creo que nada es un para siempre, uno siempre puede desdecirse, arrepentirse. Somos seres súper móviles. Y claro, cuando llegué, era una huasa. No entendía las micros, no entendía nada (ríe). Hasta el día de hoy no me ubico y digo “bueno, uno siempre se encontrará con alguien que te de la dirección”. No es tan terrible. Jaja.

—¿Cómo eras en la adolescencia?

—Era súper perna (ríe). Era como un bicho medio raro, porque era bien matea, bien portada, pero siempre fui súper inquieta, de hacer muchas actividades, de hacer deporte, leer, salía harto, pero con harto autocontrol. Nunca fui rebelde. Fue también mucho tiempo de sentir que uno no encajaba en ciertos modelos.

—¿Cuál es, hoy en día, tu mayor sueño?

—Creo que es ser feliz. Nos han metido tanto en la cabeza que hay que ser exitoso y en realidad, el éxito puede significar cosas muy distintas en momentos diferentes de la vida. Lo primero es sacarse los miedos, no tener prejuicio, no arraigarse. Los últimos años he tratado de estar en un camino más de adentro hacia afuera, más que de afuera hacia adentro.

—¿Has pasado momentos difíciles en tu vida? ¿Cuál es tu actitud frente a los problemas?

—Creo que la familia y los amigos son el circulito fundamental. Tener la gente que te diga “oye, siento que la estás cagando”. Sí, los malos momentos de mi vida, he estado con amigos que han ido a buscarme hasta a mi casa, a mi cama, y decirme “levántate, hoy día te vas a levantar y hacer esto”. También yo tengo una personalidad bien inestable. Por eso creo que en la familia y los amigos está el tesoro más grande que uno puede cultivar.

—Has posteado fotos con el actor Francisco "Chapu" Puelles, ¿Cómo se conocieron?

—Nos conocimos en las grabaciones y nos hicimos bien yuntas. Y después nació el amor. Es una relación bonita. Cada uno desarrollando sus inquietudes, pero acompañándonos. Es bonito cuando uno encuentra un partner, que entiende que para que uno sea feliz necesita libertad. Él también la necesita. Va a ser una persona importante, parte de la vida, si bien las cosas terminen o no. Es un gran amigo.

—¿No te incomoda la exposición?

—No me da lo mismo. Por eso uno trata de cuidar, poner hartos límites. Porque una vez que abres esa puerta, no tienes manera de cerrarla. Tampoco quiero caer en el otro extremo, que es casi que esconder lo que uno hace. Al revés, de repente uno quiere compartir esa felicidad. Pero sí me incomoda cuando se tergiversan las cosas. Es re poco de lo que hablan de mí, por suerte, porque también uno tiene una vida más o menos fome. Soy una mina bien quitada de bulla, piola, de las que van al supermercado con mi carrito.

LEER MÁS
 
Más Información