Esta vez, Carlos Heller Solari (56) se decidió: venderá Blue Express, la empresa de transporte y logística que, en 2011, le compró a Latam cuando ya era accionista de la aerolínea.

Pagó US$ 54 millones y la mejoró: invirtió US$ 60 millones en un centro de distribución, bodegas y un moderno sistema de clasificación automática. Podría recibir una cifra cercana a los US$ 100 millones del banco de inversión Altis (Tomás Muller) y el fondo de capital de riesgo Kinza,entre cuyos socios están Patricio Fernández Cox y Andrés Fuentes. Si esa es la cifra final no ganaría ni perdería con la operación.

Las partes firmaron un acuerdo vinculante por Blue Express, que mueve 450 mil envíos mensuales, deja utilidades y que, en 2017, despertó el interés de una firma francesa.

El dinero que recaude Bethia, el holding de inversiones que preside Carlos Heller e integran su madre Liliana Solari y su hermana Andrea, ya tiene destino, según un ejecutivo de Bethia. Heller evalúa dos nuevos proyectos bajo estricta confidencialidad, lo que explicaría que se deshaga de un negocio con gran proyección, dado que cada día crecen las compras en línea que requieren que un tercero las transporte y despache a lo largo de Chile, como lo hace Blue Express.

Buscando a Heller

Impredecible, quienes trabajan para él nunca saben dónde está. Puede ser en el piso 50 de la Torre Titanium, de cuya construcción fue socio junto a Abraham Senerman. O en sus tierras de Los Angeles: cuatro campos que suman 3.500 hectáreas, en los que mantiene a los caballos del Haras Don Alberto, en honor al nombre de su abuelo; cría y ordeña a las 4.500 vacas de la lechería Ancali, una de las tres más grandes de Chile, y siembra praderas con avena y maíz para sus animales. Y si no en Kentucky, Estados Unidos, donde está otra parte de sus caballos de carrera fina sangre.

Pero hay dos lugares donde no falla: el estadio donde juegue la U los domingos y en el Club Hípico, por lo general, los lunes, porque siempre hay carreras.

En 2018 no pudo celebrar con el equipo de sus amores, que cerró tercero en el Torneo Nacional, ni tampoco por el desempeño de las acciones de las empresas abiertas donde participa.

Todas cayeron más del doble del IPSA, que se hundió 8,1%. Los títulos de Falabella, la compañía de mayor capitalización bursátil del país (US$19.437 millones) y la inversión más importante de los Heller Solari, dueños de un 9,67% de la cadena, perdieron un 18,6% el año pasado.

Los de Latam, donde el clan tiene un 5,5%, bajaron 20,7%. Y los de Azul Azul, la única inversión a título personal de Carlos Heller, cayeron un 15%.

Factor Mega

Su imagen fue durante mucho tiempo la de un empresario que invertía en lo que le gustaba de niño. Y él lo admitía: “Mi mamá y todo el mundo me dice que soy como un niño por mi forma de ser, de actuar (…) Todos los días hago algo distinto y nadie sabe con lo que voy a salir”, declaró a la desaparecida revista Poder, de Televisa. Jugaba con camiones y avioncitos y es dueño de la mayor empresa de transporte terrestre con 700 camiones (Sotraser) y del 5,5% de la aerolínea más grande de Latinoamérica. Le fascinaba el campo y tiene la lechería robotizada más grande del mundo (Ancali). Le gustaban los barquitos y compró un 14,7% de Empresas Navieras, aunque cuando la vendió hizo una pérdida de $5.500 millones. A los 14 años vistió la camiseta de las divisiones inferiores de la U y hoy ronca como presidente de Azul Azul, la concesionaria que controla con un 63%.

La inversión en Latam no ha podido rentabilizarla. Cuando se hizo del 8% de LAN a través de la compra de Axxion, la sociedad del Presidente Sebastián Piñera, en marzo de 2010, la acción de LAN se transaba en $9.308. Esta mañana estaba en $7.920, un 15% menos, porque la fusión con TAM, en 2012, que origen a Latam, no resultó como lo esperado, ya que el mercado interno de Brasil, que crecía al 20% anual, se vino abajo por la recesión y, además, se devaluó el real.

El negocio que cambió su imagen empresarial fue Mega. Relegada al cuarto lugar de sintonía cuando compró la estación, en 2012, Heller realizó dos contrataciones fundamentales: Patricio Hernández, exdirector de programación de Canal 13, que asumió el 1 de diciembre de 2013 como director ejecutivo de Mega, con plenos poderes, y María Eugenia Rencoret, directora del área dramática de TVN por 28 años.

Desde 2014 hasta 2018, Mega ha sido imbatible: lideró el rating con 9,3 puntos. Detrás, CHV y el 13 empatados en 6,5, TVN con 5,1 y La Red con 1,4. Y lo hizo compitiendo contra Andrónico Luksic, el empresario de mayor patrimonio de Chile, y el gigantesco conglomerado estadounidense Turner.

Los resultados del canal, eso sí, decepcionaron al tercer trimestre de 2018, ya que las utilidades alcanzaron apenas a $158 millones, versus $2.822 millones del mismo período de 2017.

Tal vez sea un signo de los duros tiempos de la TV, que ha visto caer el avisaje en un 32% en el último quinquenio. Aunque Mega dice no haberse visto afectada en ese número. Sin embargo, a fines de noviembre, en la comida de aniversario del canal, Heller pronunció una frase que hizo ruido. “Vienen tiempos difíciles”, dijo, y luego llamó a los presentes a seguir disfrutando la fiesta. Dos semanas después diez personas fueron despedidas.

Felicidad hípica y tuerca

Una de las cosas que lo pone feliz es que sus caballos ganen. Cambridge, uno de los que crió su haras, triunfó en El Ensayo, que ahora lleva el apellido Mega, porque auspicia la carrera más importante de la hípica chilena.

Y tiene al mejor caballo “fondista”, es decir, que corre pruebas de dos kilómetros. Se llama Nuevo Maestro y ganó 11 clásicos en 2018 en el Club Hípico, que preside el mismo Heller y que fue la única sociedad donde participa (con un 8,7%) que le trajo alegrías, pues su acción subió 27% en 2018.

Otra es que sus hijos Pedro (29), que hasta hace tres años era gerente general de Ancali, y Alberto (24) cosechan victorias como pilotos de rally. El primero se coronó campeón de la categoría R5 del Rally Mobil de Chile. El segundo ganó la serie WRC2 en Australia.

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